viernes, 29 de marzo de 2019

Cuento crudo con moraleja.

Yovana Mendoza Ayres.
Érase una vez una yo-tuve-influenza crudivegana conocida como @Rawvana. Estaba todo el día comiendo apio y puerro crudo, y compartía por los interneses los beneficios de la comida cruda para la salud.

Pero llegó el día que no podía parar de eructar y de peerse como una loca, y le dolía la tripita todo el tiempo, así que acudió al médico. Éste le dijo que hiciera el favor de cocer o freir la verdura antes de comérsela, y zamparse buenos serranitos de pollo un de vez en cuando. Qué buena prescripción médica.

Como ella monetizaba la mar de bien ese duro pero "saludable" estilo de vida crudivegano que llevaba en el pasado, y como tampoco queda muy elegante airear estos episodios de permanente aerofagia y flatulencia, prefirió callarlo en lugar de advertir a sus seguidores de los desajustes y los problemas de salud que las dietas radicales pueden provocar.

Pero este cuento se acabó el día en que se fue de viaje a un país exótico. Allá, confiada, lejos de miradas familiares y admiradoras, descuidó sus íntimos momentos de deglución real yendo a un restaurante, y una fan la pilló in fraganti engullendo un platazo de fritangafish.

Moraleja corta: con los influencers/tertulianos/youtubers en general y con los políticos en particular, haz como con tus cuñados y amigotes de fiesta. Créete de la mitad a nada.

Moraleja larga: Usa el sentido común. Procura ser moderado en todos los aspectos de la vida, salvo cuando no quede más remedio que ser radical. Recuerda que rara es la persona que predica con el ejemplo: vivimos los tiempos del postureo extremo, en los que nos encanta proyectar de manera exagerada y a la máxima gente que se pueda una imagen que muchas veces no se corresponde con la cruda realidad.