jueves, 14 de marzo de 2019

El desesperado de Casado y el sistema D'Hont.

"Desesperación" (L.García) y logos de partidos.
La Ley D'Hont es un sistema que, a mi modo de ver, es injusto: favorece a aquellos partidos más votados (lo cual lo puedo entender, y hasta creo que sería conveniente buscar un sistema que siguiera favoreciendo al más votado para lograr gobiernos estables), pero también a aquellos cuyos votos se concentran en una provincia (lo cual favorece a partidos que no se presentan en todo el país), perjudicando o dejando fuera a partidos con igual o más votos que los partidos nazionanistas pero dispersos en la geografía nacional. Para más inri, el voto en blanco aumenta este efecto D'Hont.

Echo de menos los tiempos en los que UPyD explicaba con claridad lo injusto de este sistema (aun lo sigue haciendo, aunque nadie les escuche). Ahora sólo tenemos a un desesperado y llorón Pablo Casado que ve cómo su partido mengua a proporciones similares a las de Ciudadanos, Podemos o Vox. Se le acaba eso de mirar desde arriba a los demás.

Aborrezco a Pedrito Sánchez Falconetti y a los parásitos que le apoyarán como hasta ahora, pero prefiero votar según mis convicciones al partido cuyo programa se ajuste más a mi modo de pensar, en vez de hacerlo con encuestas de intención de voto (que fallan más que una escopeta de caña) en una mano y calculadora en la otra, y pensando en cómo joder al que detesto.

Salvo que alguien esté muy politizado (izquierda-derecha forever) o tenga un partido político tatuado de por vida (aunque sus ideas no tengan nada que ver con ese programa), cada vez más gente ignora estas súplicas lastimeras de políticos de uno u otro partido y sus cálculos electorales. Si no fuera así, Podemos, Ciudadanos y Vox no tendrían representación actualmente en casi ningún sitio, ni UPyD la habría tenido en el pasado (este partido fue el verdadero artífice de romper ese techo de cristal y de cambiar la mentalidad de mucha gente). Como decía Rosa Díez en aquellos años: me doy el gusto de votar a quien me apetece, aunque es cierto que últimamente a quienes voto ni siquiera consiguen representación. Pero mi conciencia está tranquila. Éste es el verdadero voto útil.

Sin la ley D'Hont, ya hace mucho tiempo que las cosas serían diferentes y la gente votaría menos con las tripas o con asco, y más con la cabeza y con algo de corazón (me estoy poniendo ñoño como Pedrito Sánchez Falconetti). Pero de eso nadie habla claro, y a pocos partidos les interesa cambiar el sistema. Pasad de Casado: votad a quien os apetezca.