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Veo COVID19 por todas partes...

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Ayer tuve mi primer contacto físico con desconocidos.
Iba paseando por la playa de Marbella con mi cámara, y cuando pasaba cerca de uno de los pocos chiringuitos que hay abiertos, dos chicas y un chico, los tres "guiris", al verme se han puesto a posar y con la gracia les he hecho varias fotos.

Inmediatamente se han acercado a mí, me han empezado a chapurrear cosas en inglés que no he entendido (hace tanto que no lo hablo que hasta me cuesta entenderlo, que vergüenza...) y el chico dándome la mano y las chicas dos besos.
No he sabido reaccionar. En mi cabeza pensando "Dios mío, esta gente actúa como si nada". Ha sido una sensación extraña...

Les pregunté de dónde eran y me han dicho que de Noruega. Allí no hay muchos casos de covid, ¿no? Que paranoia... Que asco da la "nueva normalidad".

Esta escena que he vivido, tan habitual por aquí en la Costa del Sol, con gente que viene de vacaciones a pasárselo bien y a interactuar, me ha dejado pillado, como si fuera u…

Mi última escapada en la "antigua normalidad".

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La subnormalidad generalizada nos hace hablar de antigua y nueva normalidad, pero por mucho que digan, la "nueva normalidad" no es normal. Sumemos la estupidez de llamar "desescalada" al proceso gradual de desconfinamiento. Lo siento. No soporto los asquerosos eufemismos sociatapodemitas, y echo muchísimo de menos viajar, el mayor de mis vicios junto al pernicioso tabaco.
Por mucho que nos quieran convencer (¡Con todo lo que ha llovido, como para fiarse de estos!), este año no es idoneo para viajar, al menos al extranjero: el riesgo de contagiarte y enfermar en el extranjero, con una enfermedad vírica sin vacuna ni tratamiento y con alta mortalidad, está ahí. O que el gobierno del país del turno, o incluso el propio, eche cerrojo en pleno viaje y te impida volver a tu hogar, o perder el dinero gastado en el plan, es una desagradable posibilidad.

Me he hecho a la idea de que el 2020 es uno de los peores años de mi vida, con un gobierno de indeseables, mentirosos, corr…

Jardín botánico Molino de Inca.

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He estado miles de veces en Torremolinos, aunque hace años que no iba (salvo alguna contada excepción reciente a las afueras de la localidad y de paso), hasta el día de hoy, en el que he vuelto a caminar por el centro y por su bullicioso paseo marítimo, y además he visitado un lugar precioso y que desconocía completamente: el jardín botánico Molino de Inca.

Caminando por el Tajo del Molino.

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Hoy he realizado una pequeña ruta de senderismo en el conocido como Tajo del Molino o Tajo del Torró, en la localidad de Teba, y tras comer algo en una venta cercana al pueblo, antes de volver a casa, parada para café en una localidad que debe provocar urticaria a aquellos con obsesión por borrar el pasado (o ensalzarlo, según sea el caso): Villafranco del Guadalhorce, nombre que hace referencia a Francisco Franco.

Reyes en Córdoba.

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Para aprovechar el fin de semana largo que nos ha brindado en este comienzo de año el festivo de Reyes Magos, busqué en booking el alojamiento con mejor relación calidad-precio para esos días en toda Andalucía. El resultado: una pequeña escapada por Córdoba, para visitar las ruinas de la ciudad califal de Medina Azahara (que no pisaba desde que era un crío), la misma Córdoba ciudad, y algunos pueblos de la zona en los caminos de ida y de vuelta.

A 120 metros bajo tierra.

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Tras contaros mis pequeñas decepciones en Rumanía en la anterior publicación, hoy os hablo de la visita más espectacular de este viaje: con más de 2.000 años de historia, galerías altamente conservadas y una atracción subterránea futurista, Salina Turda es el museo de minas de sal más grande del mundo. No apta para personas que sufran de vértigo... ¡Las pasarelas del "Caminito del Rey" son un chiste al lado de las que uno tiene que caminar dentro de la mina!

Perdido en la Rumanía profunda y rural.

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Recién llegado de mis vacaciones (1 semana en Cluj-Napoca, capital histórica de la región de Transilvania y tercera ciudad más grande de Rumanía) empiezo a procesar y a subir las fotos que he tomado por lo más sencillo: las pocas fotos que tomé en Iclod, un pueblo perdido a medio camino entre Cluj Napoca (la ciudad donde me alojé) y Dej, y muy cerca de Gherla y de Bonțida, este último el pueblo a donde quise realmente ir y que finalmente no visité.